raar

En el campo de las adjetivaciones lo raro ocupa un espacio difuso y es de alguna manera el límite entre lo ambivalente.
Lo que es bueno, lo que es malo, lo que resulta lindo o feo, algunos extremos en este campo, son definiciones que estan signadas por la subjeti- vidad de áquel que interpreta.
Aún habiendo consenso, no se trata más que de un punto de vista particular.

 

Las sutilezas intermedias que se alejan de dichos extremos y se acercan al centro representan lo más cercano, lo real, lo humano, lo perfectible, lo artesanal, lo único.

 

Queda entonces Raro como aquello indefinido e indescifrable, lo que no se puede clasificar por ser extraño, misterioso, nuevo...
Inobjetablemente existe sin una rotulación específica, que resulta su principal valor y convierte su supuesto defecto en su propia virtud.

 

Asumimos la rareza como una postura arquitectónica y representa para nosotros un lugar en dónde todo es válido y reinterpretable.
Como una hoja en blanco infinita con múltiples posibilidades, haciendo propio el campo experimental. Representa la voluntad de superación y revisión frente al vasto campo referencial y definitorio.

 

Es el beneficio implícito del ejercicio de dudar, un espacio con la invaluable potencialidad del crecimiento.